Encuentros Eróticos de OtoñoSentirte en mí … ¿Sueño o realidad? Por Silencios & J.eMeSilencios J.eMeAcudí a tu llamada, al grito antes ahogado y tantas veces reprimido. Acudí tras días de espera, de anhelos, de deseos incontenibles; acudí sabiendo lo que esperaba tras tu puerta, tras tus mensajes, tras las dulces y ardientes palabras de los últimos días, acudí húmeda, intensamente mojada al pensarte, quemándome en el encuentro tantas veces soñado, acudí nerviosa, temblorosa, recordando lo que leí en tu primer mensaje, en los que llegaron después, en el último tras el que accedí a ser tuya y entregarme…

El lugar que tú habías elegido para nuestro primer encuentro era una vieja casona rural reformada, me costó llegar, los nervios y el dichoso GPS que siempre se negó a funcionar me hicieron perderme mil veces por los senderos que indicaban el camino hacia ti. Sentada en el coche, mientras conducía no podía evitar imaginarte, pensarte dentro de mí, tu sexo moviéndose en las embestidas que mis caderas le marcaban. Las paredes del mío se humedecían de nuevo, pensaba en tus manos en mi cuerpo, tus labios recorriéndome, tu pecho pegado a mi espalda mientras mis nalgas se abrían para ti… Casi sin saber cómo me detuve en una cuneta, excitada, tremendamente excitada, abiertas las piernas, deseosa de ti mis manos comenzaron a acariciar mi pecho, mis pezones endurecidos, apreté las piernas intentando reprimir mis ganas de ti, fue peor, casi instintivamente mi ropa interior cayó empapada bajo el asiento, mis piernas reposando sobre el volante, levanté las nalgas haciendo franco el camino a mis dedos, primero uno, otro, .... el tercero me abrió de tal forma que no pude evitar un gemido largo, prolongado, era tu sexo el que penetraba salvajemente en mi pensamiento mientras mi respiración comenzaba a ser más y más violenta. Lo noté llegar, los ojos cerrados, mis labios rotos por mis propios mordiscos, sentí mi flujo resbalar entre las piernas, empapar el asiento, ahogar un grito en mi garganta, un grito que ya no podía esconder por estar a tu lado, porque me tomaras, por beber de tu sexo, por amanecer, fundida en ti…
Casi sin fuerzas retomé el camino, el deseo estaba aún, no había conseguido reprimir la sensación de saberte dentro, muy dentro,, intenté recoger mi culott aunque finalmente preferí dejarlo bajo el asiento, dejar que mi sexo apenas liberado y todavía abierto por la intensidad con la que minutos antes se habían movido mis dedos fuera el que acudiera a tu encuentro.

Llegué al hotel, estaba más cerca de lo que imaginaba cuando tuve que detenerme en la cuneta a calmar mis ansias de ti. En la recepción, una rosa y una nota manuscrita me esperaban: “Habitación 304, la nuestra, desnúdate y espera…”. Temblaba, llevaba haciéndolo todo el camino pero ahora ya me resultaba imposible disimular, el hombre que atendía la recepción se dio cuenta, “está usted bien” , “sí, no se preocupe, es sólo frío” (¿frío?, cómo decirle que toda yo era fuego y que ardía por dentro). “Su marido dijo que tardaría y que le espere en la habitación”, me indicó aquel hombre al tiempo que su mirada me hacía sentir vergonzosamente desnuda. ¿Mi marido?, no dije nada mientras esperaba el ascensor y mis ojos se fijaron el inmenso cartel que colgaba de las paredes –“Júpiter se enamoró intensamente de esta tierra y decidió poseerla, atravesándola con un río y transformándose él mismo en agua para acariciar hasta su último recodo…”. No quise evitar una sonrisa cómplice. Había algo mágico en el ambiente…
Llegué a la habitación, me costó abrir, mis dedos temblaban, mi corazón latía ávido y expectante, mi cuerpo se resistía a obedecer. Al entrar, un envolvente olor que aún no he acertado a definir me recibía, encima del lecho, una rosa, otra nota. “Sabía que vendrías, te quiero sólo vestida con el antifaz ciego que encontrarás sobre la almohada”. Me temblaron las manos mientras me desnudaba, sentí frío, mucho frío, puse el antifaz sobre mis ojos y me tumbé esperando. No pasó mucho tiempo cuando escuché la puerta y sentí un olor suave a agua de colonia, estaba tremendamente,... excitada, apreté fuertemente los muslos mientras sentía como mi sexo latía generando tal cantidad de flujo que las sábanas comenzaban a estar muy húmedas. Algo, tus brazos, me dio la vuelta sin decir nada. Tus dedos recorrieron mi espalda desnuda, masajeando, los pequeños relieves de mi columna, tu aliento, tu saliva… Tu tacto añadía una nueva dimensión a la excitación que me embriagaba. Vacilaba al borde del abismo.

De nuevo me giraste, ahora mucho más suavemente. Sujetaste mis nalgas cubiertas de la fragancia viscosa de mi sexo, pellizcándolas, alzándolas. Mi entrepierna estaba cada vez más húmeda, la seda rozaba los delicados pliegues de mi sexo mientras el placer se anunciaba ya llegando a las rodillas, irradiaba hasta mi vientre, mi aliento cada vez más agitado me señalaba que no tenía voluntad de rehusar el placer. Fue entonces cuando me atreví, mis manos se aventuraron recreando mi embriaguez en las formas de tu cuerpo, mis muslos se separaban por sí solos, mis rodillas se abrían sintiendo la dulzura de tus manos llegando hasta la puerta de mi sexo, tus labios absorbiendo el excitante néctar que luego, en un beso largo y lento diste a probar a mi boca.
Sentí entonces la respiración en mi cuello y tus labios sobre mi piel, apenas me tocabas; pensé en las veces que había soñado con este encuentro, mis caderas se alzaron involuntariamente cuando te inclinaste sobre mí, tu erección, fuerte, intensa, presionaba firmemente contra la hendidura de mis nalgas, penetrándome. Dejé descansar mi mejilla en la suave sabana de seda con los ojos cerrados, mientras mordisqueabas mi cuello con delicadeza y mis manos agarradas al cabecero de la cama ahogaron un grito mientras sentía como tu caliente esencia me inundaba por dentro. Breves estremecimientos de placer recorrieron nuestra piel ...

No te sentí marchar, debí quedarme dormida en la nube a la que mi cuerpo se transportó al tiempo que te derramabas en mí; tímidamente, temerosa, mis manos levantaron el antifaz que cegaba mis ojos. A mi lado una rosa y una nota… “Volverás, lo sé… y me transformaré de nuevo en agua para acariciar hasta su último recodo”.

PD.
La selección de las fotografías ha corrido a cargo de los autores.