...Los hubo valientes, honrados, leales y dignos. También rufianes, aventureros, asesinos y locos...

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lunes, 6 de abril de 2009

La jodida bohemia de Mayo del 68 - Tercera entrega

Publicado en la revista literaria SINALEFA de New York

Mi hermano y yo estuvimos más que unidos hasta que su muerte me hundió en una terrible depresión que, durante tres años, me hizo caminar por el filo del cuchillo que separa la vida del infierno.

Como pueden ver, si ustedes esperaban una lectura clásica sobre las virtudes de la literatura en general y de la novela en particular, lo siento, pero han caído en las manos de un periodista escritor y, de paso, en un descarnado relato personal rayando en lo impúdico. Porque tengo esa predisposición, me agrada escribir y hablar relacionándolo conmigo. Es lo que mejor conozco.

En París pasé más hambre que Carracuca, que diría mi difunto padre. Dormí en un coche abandonado, comí restos de los desayunos que me regalaba en una bolsa de basura la camarera de un hotel amante de mi amigo mexicano, y tres veces, tres, me desmayé en la calle y otras tantas me llevaron en ambulancia al hospital donde me reconocieron, me dieron un caldito y, con él, el alta médica. No había camas para enfermos de hambre, así que, a la puta calle, a seguir pasando gazuza hasta el próximo desmayo.

Pronto perdí el pudor y, con Jorge, el mexicano novio de la camarera y en idénticas circunstancias de pobreza, hacíamos estragos entre las chicas hispanas en las colas del comedor de la Alianza Francesa. Eso, sí, en dura competencia con los negros senegaleses y cameruneses que explotaban también aquel filón. A nuestro favor el dominio del idioma, la educación latina y la simpatía, aunque también había muchachas en busca de emociones fuertes que los elegían, quizás por el exotismo o por la leyenda urbana sobre el tamaño de sus miembros viriles.

Caíamos sobre españolas y suramericanas con el ímpetu de las hordas de Atila, les ofrecíamos ayuda para ir de compras o nos brindábamos como guías para visitas turísticas, hasta lograr con mil pretextos que nos invitaran a comer.

Generalmente, tras acompañarlas por Paris, con desayuno, comida, merienda y cena a su costa, al finalizar la estancia recibíamos un regalo de despedida. Por supuesto, intentábamos acostarnos con ellas. Por el placer y esperando así que el obsequio, preferido en divisas, fuera más tiernamente generoso. Algunas enloquecidas quisieron abandonar su vida pequeño burguesa, como decían, y quedarse a pasar hambre con nosotros. ¡Qué divertida la vida bohemia!, exclamaban palmoteando. Obviamente las disuadimos. En el coche abandonado sólo cabíamos el mexicano y yo.

En Paris, pronto me convertí en el benjamín de una cuadrilla formada por mi hermano José Luis, más tarde jefe en INTERPOL, pero que, en aquellos años de emigrantes ilegales, servía copas en Don Quijote, un restaurante español de un primo nuestro que acabó en la cárcel trás atropellar borracho a un peatón.

Mi hermano, además, estudiaba literatura en la Sorbona y su profesor preferido, el hoy conocidísimo escritor peruano Alfredo Bryce Echenique, era el tercero de los miembros de la cuadrilla de amigos y el único de nosotros que tenía un sueldo fijo y digno, aunque, escaso para sus muchos méritos, según él mismo señalaba.



Continuará mañana

6 comentarios:

Menda dijo...

¡Ay! La vida bohemia es lo que tiene, que nunca se sabe lo que acontecerá al día siguiente.....


(Vaya por Dios,no me diga usted que lo del tamaño de los miembros viriles de senegaleses y camerunenses es una leyenda urbana........Sinceramente, prefería vivir en mi ignorancia...)

Desde el cariño: ¡Qué bribones eran ustedes, señor mío!

García Francés dijo...

Era pura supervivencia, Dª Menda, nada de bribonería.

Lo del tamaño de los miembros subsaharianos lo decía para animarme. Porque, a mi edad, ya sólo guardo el recuerdo de pasados esplendores.

No tema, Doñita, parece ser que la leyenda se confirma.

Desde el cariño, Doñita, ¡usted cad día lo hace mejor! Por favor, ¡me refiero a sus entradas!

ostra dijo...

Aunque no le ponga nada no se crea que no le estoy leyendo, eh?
El relato es más enganchante que "Lost".

García Francés dijo...

No se preocupe, Dª Ostra, yo sé que ustedes son muy buenos amigos y seguidores. Comente cuando tenga ganitas y tiempo libre.

Estos días ando preocupado porque a uno de los caballos que bajo a la Feria de Sevilla, un potro le ha pegado una coz en los mismísimos y el pobre ni orina, anda mohíno y con los huevos como un balón de la selección española.

Estoy esperando al veterinario, mientras le baño el paquete con agua fria de la manguera. No saben como lo agradece el pobre. Menudo disgusto tengo.

Un abrazo muy grande para usted y D.Laslo y el resto de la secta.

Mey Blue dijo...

Sin duda, mala época, aunque imagino que en el fondo del corazón, siempre quedará esa melancolía, que a pesar del hambre, siempre queda como experiencia vital de vida.
Un abrazo y el pasado, tan solo conforma lo que somos en el presente. Pese a quien pese. :)

Luis Coleto dijo...

Hoy los bohemios llevan VISA ORO en sus carteras...

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