
Puedo
contarlo. Ha
prescrito. Tenía
catorce años. Era de noche en un callejón pueblerino y los
gemidos de los mayores rompían la oscuridad. Me dio la mano, abrió una puerta y me asaltó el olor a
madera. Nos hundimos en un montón de
viruta. Ella
gemía, yo sufría sin acabar. Quedó
ahíta. ¿El secreto de tanto
aguante? Me había clavado una astillita
allí.
3 comentarios:
Eso es tener ambivalencia en la suerte.
Saluditos.
D. Alfredo, yo a los 14 años sólo conocía a la "alemanita", aunque hubiera querido ampliar mis fronteras con el coñecimiento (así dicen los gallegos)de otras "nacionalidades" menos conocidas.
Lo de la "astillita" es puntito erótico entre tanta viruta de madera. Créame: mejor que entre viruta, es más agradable un buen revolcón en el heno de un pajar y en pleno verano, con la brisa suave de la canícula, acariciando y besando; sin astilla y con buena boquilla que succiona lo que la maldita maderilla punciona, con lúbrica suavidad. Fusión en negro y...The End.
¿Cómo se llama la película?
¡Qué verde era mi valle (John Ford).
Dulce pájaro de juventud (Richard Brooks).
Los cuentos de Canterbury (Pier Paolo Pasolini).
Lo verde empieza en los Pirineos (Vicente Escrivá)
Saló o los 100 días de Sodoma (Pier Paolo Pasolini).
No importa, es agua pasada y pertenece al recuerdo. Lo que importa es el presente y... que no nos joda una astilla.
Un saludo, D. Alfredo; también para su astilla.
Ay Alfredo!! ..pero qué mala suerte tuviste con el primer polvo pero a ella le pareció largo y apasionado...y todo por una astilla jajaja!! mira que eres loquillo .
Un abrazo!
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