El fin de semana en Córdoba prometía. Hotelito en la sierra y los bíceps de aquel pedazo de chorbo madrileño, hacía semanas que los tenía entre ceja y ceja, ¿o debería decir entre raja y raja? Le hice saber que me piraba a Córdoba y aprovechó para apuntarse. Toda la semana me lo imaginé en la cama y en la ducha con su culito apretado, redondo y bien puesto.
Bebimos, charlamos, reímos, bailamos e intenté ponerlo burro, más el tío rehuía y eso me ponía aún más cachonda. Una polla que se resiste es un reto delicioso porque cuando el tipo se rinde la devoras. Ese era su juego. Me acosté con un tanguita sexy, ¡así follaríamos hasta el amanecer! El muy hijoputa me abrazó como un oso y se puso a roncar, ¡valiente cabrón! Esta me la iba a pagar, una cosa es caldear el ambiente haciéndose el duro y otra muy distinta quedarme con el kiki burbujeando.
Al día siguiente lo cacé en la ducha, y después de que me follara en posturas imposibles y exprimirle los huevos hasta la saciedad, salí de la bañera cariñosa y relajada, y con el móvil, le hice fotos desnudo sin que se enterara una mierda. Fotos viéndosele bien el careto y su polla. Mientras, le decía lo buenísimo que estaba y lo cardiaca que me ponía. Le dije que su culo me emperraba, que lo pusiera en pompa. El tipo tenía el ego por las nubes y decía haber encontrado la mujer perfecta para él.
El lunes, en su correo de directivo de multinacional, apareció un mail con su polla enjabonada y su cara de gilipollas encoñao en primer plano. Otra foto de la raja de su culo en pompa le dijo que dejar a una mujer inteligente con las bragas mojadas y el coñito pidiendo guerra, se paga muy… ¡pero que muy caro!



