A cualquier viajero no le hace falta que venga un presidente americano, su consorte o los traidores de Verona, Romeo y Julieta, a publicitarnos un icono de los trotamundos como es la Alhambra. No podemos morir sin respirar su embrujo. Mis ojos se posaron en ella por primera vez como regalo de cumpleaños a través de una espectacular ventana de un carmen del Albaicín con mucha historia, el de Moraima. No sé si la conocéis. Si hombre, la esposa de un tal Boabdill, ese que lloró tanto y perdió más.
Cuentan que fue allí donde ella se refugió tras el cautiverio de su marido. Dicen también que perdida de amor y dolor se sentaba a suspirar mirando desde mi misma ventana al palacio, aunque también hablan las malas lenguas, que el amor no era por su esposo sino por un jefe abencerraje con el que se lo pasó muy bien a la sombra de un ciprés de palacio, antes de que su marido se cepillara a su guardia buscando al autor de tal ilustre cornamenta. Me desvío y esto es turismo no prensa rosa.
Como decía, una vez digerido suspiros hay que pasear hasta el monumento bien para bajar tripa o para escuchar versos los más románticos, yo pertenezco al primer grupo. En aquella época fui por un camino que hoy no he logrado encontrar, sería el vino. Terminé no sé muy bien como, a las puertas de otro carmen, el de los Mártires, que quise olfatear y así oyendo el trino de pájaros fuimos dejando pasar el tiempo y al querer salir descubrimos que nos habían encerrado dentro y que el canto de aves era el timbre que nos avisaba del cierre.
Nos dio tiempo a memorizar un jardín precioso en nuestra búsqueda de salida, se echaba la noche y lo que hoy resulta muy romántico en una fría tarde de invierno era una pesadilla. La suerte no hizo encontrar un muro medio derruido, del carmen aledaña y dar con una amabilísima señora que tuvo la cortesía de invitarnos a café calentito, enseñarnos su casa y la salida.
Como ven, la Alhambra no se ve en un día, es parte de un conjunto, Granada hay que estar algo más para empaparse de paisajes, gentes, aromas, sabores… y que nos deje una cicatriz en el alma y así soñar con ella de por vida.Ale! Viaje que el placer está en contarlo.






















