En contra de las advertencias de mi padre me entusiasmé con la llegada de la democracia de manos de los partidos políticos. Él decía que quienes la traían eran los mismos que la habían destrozado a tiros. Afirmaba que todos mentían, conservadores, socialistas, comunistas y nacionalistas. Yo le replicaba llamándole
CARCA. Este adjetivo era un calificativo de la época, inmediatamente inferior a
FACHA y con un toque afectuoso.

Desgraciadamente, luego comprobé que tenía razón. Los conservadores son inútiles, los socialistas raros de cojones, los nacionalistas encubren bajo ese nombre su separatismo y los comunistas vuelven a las añejas proclamas guerracivilistas.

Hoy el Gobierno de España, está preso de un ansia violenta de rechazar, de prohibir todo, cruces, banderas y tradiciones, intentando alterar rencorosamente el rumbo de un pueblo que ha vivido siglos amparado bajo su antigua civilizacion Occidental. Entre todos, incluída una sociedad narcotizada por la incuria, la vieja Patria está desnortada,dividida entre naciones estado.

Dentro de los partidos, la lucha personal por la superviviencia, la sórdida ambición desencadena luchas bizantinas para asegurarse el coche oficial, las múltiples prebendas y la pensión de puta madre. Porque el poder político no se consigue a través del desarrollo intelectual, ni con la presión popular del
pueblo unido jamás será vencido, se alcanza negociando entre hombres ambiciosos sentados en un despacho.

En época de alborotos es indispensable apoyarse en la tradición.
Ignacio de Loyola dijo,
"en tiempos de tribulación no hacer mudanza". Sin embargo pareciera que nuestros dirigentes, por aquello de la moral cambiante de la época, intentan siempre innovar intentando convertir su falsa convicción en fraudulenta autoridad. Por ello, en un momento histórico plagado de amenazas, es conveniente abandonar la corte, los congresos,asambleas, elecciones y toda organización donde no haya lugar para los virtuosos y, después, buscar nuevos líderes entre los hombres honrados.
España, una democracia débilLo mismo dicho de otra manera y, seguramente, con alguna contradicción.