Los políticos catalanes, ofendidos con el Tribunal Constitucional por el Estatuto, buscando desesperadamente un hecho diferencial que los distinga, han cerrado la puerta de toriles. Fuera con el español. Fuera con los toros.
Fuera España.


No importa que haya catalanes y turistas que disfruten con la lidia ni que se pierdan puestos de trabajo en la plaza, las dehesas y la hostelería. Los representantes del pueblo catalán, los corruptos de las comisiones, por incapaces que sean, tienen asegurada su pitanza de por vida. Los demás,
¡que se jodan! 
Adelante con la Iniciativa Legislativa Popular, mientras el PSOE hace el D. Tancredo con Montilla. Artera legislación contra quienes inundaron Barcelona de banderas españolas. Aquella noche será su eterna pesadilla. Los aficionados de Cataluña escaparán a esta cornada de manso tras el burladero de la TV. Hasta que también se les prohíba. Como en la
dictadura.

Y si a otros catalanes no les gustan los toros, si tienen problemas
identitarios, estupendo, aprovechen la Monumental para bailar sardanas. O, ¿prefieren construir alguna cosita?
García Lorca dijo de los toros:
"El toreo es probablemente la riqueza poética y vital de España, increíblemente desaprovechada por los escritores y artistas, debido principalmente a una falsa educación pedagógica. Creo que los toros es la fiesta más culta que hay en el mundo".
Enrique Tierno Galván, el viejo profesor, remató:
"El espectador de los toros se está continuamente ejercitando en la apreciación de lo bueno y de lo malo, de lo justo y de lo injusto, de lo bello y de lo feo".