Doce del PatíbuloDebo entonar el mea culpa y retractarme, al menos con uno de ellos, del desprecio con el que traté en su momento a dos de los ministros del Gobierno de España. ¿Me estaré ablandando? ¿Comienzan ustedes a pensar que trinco del fondo de reptiles? No teman, nunca he sido tan listo.

Uno de los ministros fue el Sr. Caldera, autor de una absurda política de inmigración y responsable recalcitrante de que aquellos polvos con los inmigrantes trajeran estos lodos con los censos. Hace pocos días vi en la TV a
Chuchi. Lo entrevistaban en su retiro dorado, con sus ricitos de bebote feliz, su sonrisa de suficiencia, y aún seguía jodiendo con lo bien que lo había hecho. A éste sigo despreciándolo.

Hace meses en mi blog, y en un blog amigo, tuve la osadia de felicitar a dos ministros de Zapatero. Al Sr. Rubalcaba por su brillante política vial que ha reducido espectacularmente las muertes en carretera y al Sr. Blanco, comparándolo con la ministra Maleni, por su inteligente gestión de Fomento. Me llovieron las críticas, el cachondeíto y algunas hostias.

Del ministro del Interior no hablo hasta que no lo lleven
pa'lante por el caso FAISÀN. Del Sr. Blanco debo decir que me costó superar los prejuicios contra él. Aquel inolvidable
corruto me venía a la cabeza una y otra vez y, los visitantes de los blogs, me machacaron recordándome esa y otras de sus mejores
gaffes.

Me empecino en su defensa porque rectificar es de sabios. El Sr. Blanco es el único ministro del Gobierno que se gana el sueldo. Su idilio con la Sra. Aguirre es una muestra de antisectarismo y
finezza política de la que salen beneficiados los ciudadanos y, su
manu militari con la mafia controladora, es un ejemplo de sometimiento enérgico a los clanes chantajistas de presión. El ministerio de Trabajo debería hacer lo mismo con otros grupos parecidos. Ya saben ustedes a quienes me refiero. Sí, los liberados.