Marruecos lo condenó a 30 años por abusar sexualmente de niños muy chicos. Se llama Daniel Galván. O no. Quizá sea una identidad falsa. No importa el nombre. Los ciudadanos marroquíes se han alzado contra su indulto y envío a España. No suelo coincidir en nada con Marruecos, su monarca y sus ciudadanos. Esta vez SÍ. Espía, jubilado o simple pederasta, amnistiarlo es UNA VERGÜENZA.
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domingo, 4 de agosto de 2013
El pederasta ANACLETO, Agente Secreto
Marruecos lo condenó a 30 años por abusar sexualmente de niños muy chicos. Se llama Daniel Galván. O no. Quizá sea una identidad falsa. No importa el nombre. Los ciudadanos marroquíes se han alzado contra su indulto y envío a España. No suelo coincidir en nada con Marruecos, su monarca y sus ciudadanos. Esta vez SÍ. Espía, jubilado o simple pederasta, amnistiarlo es UNA VERGÜENZA.
miércoles, 19 de mayo de 2010
Esquelas, epitafios, nichos, cenizas, nuestro jodido porvenir, amigos
Los que hemos tenido la suerte de ir pasando los filtros, de haber sobrevivido a la píldora del día después y al aborto pre adolescente, es decir, los que nacimos no debemos confiarnos demasiado. Estamos aquí. Pero aún queda mucho tajo por delante.
Los de mi generación superamos la apendicitis con peritonitis, colegios donde algún pederasta deseó encularnos, la sufrida mili y sus accidentes letales, los aniquilantes viajes por rutas infernales con el 600, también evitamos militar en organizaciones revolucionarias totalitarísimas, los suicidios por amor, la lotería del Sida, enfin, que superamos muchos de los riesgos de una sociedad en vías de desarrollo.
Pero años más tarde viene otra criba. Ésta más científica. Infartos empujando en casas de putas, cáncer de colon o de pulmón aunque nunca lo hayas usado contra natura ni te hayas fumado un mal porro, cirrosis hepática de los bebedores sociales, aristocráticos accidentes cerebrovasculares. Y, desde luego, la plaga de suicidios por quiebra, paro o pánico a un futuro arruinado en España.
La otra noche, cenando con amigos, salió el tema. No la muerte. No. Peor. Los entierros. Ya saben, el abanico se ha abierto y hay quién desea el panteón familiar de toda la vida, otros un nicho muy alto con vistas y bien oreado. Otro, una lápida en la hierba, tipo americano. Y finalmente, los amigos del fuego, los que se adelantan a las llamas del infierno. Yo soy de esos.
Los unos, una vez muertos dejan problemilla sin resolver, fundamentalmente de ego. Esquelas y epitafos. Verdadera labor de literatos para la que el Ocaso debería tener contratados negros con oficio. Los otros, los de la incineración, también tocamos los huevos. Que si me aventen en la cumbre del Mont Blanc, que si me esparzan en la bahía de Deiá, que me tiren al estanque del Retiro o me entierren en las arenas del Sáhara.
En uno y otro caso, lo importante es intentar ser originales incluso después de palmar. Joder, no demos tanto el coñazo, ¡sólo son cenizas! ¿Ustedes son más de tierra o de fuego?
Los de mi generación superamos la apendicitis con peritonitis, colegios donde algún pederasta deseó encularnos, la sufrida mili y sus accidentes letales, los aniquilantes viajes por rutas infernales con el 600, también evitamos militar en organizaciones revolucionarias totalitarísimas, los suicidios por amor, la lotería del Sida, enfin, que superamos muchos de los riesgos de una sociedad en vías de desarrollo.
Pero años más tarde viene otra criba. Ésta más científica. Infartos empujando en casas de putas, cáncer de colon o de pulmón aunque nunca lo hayas usado contra natura ni te hayas fumado un mal porro, cirrosis hepática de los bebedores sociales, aristocráticos accidentes cerebrovasculares. Y, desde luego, la plaga de suicidios por quiebra, paro o pánico a un futuro arruinado en España.
La otra noche, cenando con amigos, salió el tema. No la muerte. No. Peor. Los entierros. Ya saben, el abanico se ha abierto y hay quién desea el panteón familiar de toda la vida, otros un nicho muy alto con vistas y bien oreado. Otro, una lápida en la hierba, tipo americano. Y finalmente, los amigos del fuego, los que se adelantan a las llamas del infierno. Yo soy de esos.
Los unos, una vez muertos dejan problemilla sin resolver, fundamentalmente de ego. Esquelas y epitafos. Verdadera labor de literatos para la que el Ocaso debería tener contratados negros con oficio. Los otros, los de la incineración, también tocamos los huevos. Que si me aventen en la cumbre del Mont Blanc, que si me esparzan en la bahía de Deiá, que me tiren al estanque del Retiro o me entierren en las arenas del Sáhara.
En uno y otro caso, lo importante es intentar ser originales incluso después de palmar. Joder, no demos tanto el coñazo, ¡sólo son cenizas! ¿Ustedes son más de tierra o de fuego?
lunes, 29 de marzo de 2010
Javier Marías, tonto de CAPIROTE, y Semana de Pasión para Fariñas
El Sr. Marías, buscando nuevamente una boutade para titulares, vuelve a escupir sobre unos cuantos españoles. Algunos, no creyentes como yo que, sin embargo, adoro las mantillas negras, el olor a incienso, el silencio sobrecogedor, las saetas desgarradoras y estremecerme viendo pasar al Cristo en el madero. Los otros, fieles católicos que siguen las procesiones con religiosidad y emoción. Año tras año.
Dice en "Der Tagesspiegel" que "la Semana Santa es un espectáculo deprimente con una atmósfera intolerante”. Añade que, "en esta época del año, le resulta casi imposible trabajar y vivir en el centro de la ciudad, algo absurdo en pleno siglo XXI", y califica la iconografía de las procesiones de “inquietante".
Marías, casi sesentón, recuerda su dura infancia como “horrible para los niños, en la que tenía prohibido cantar, las emisoras de radio sólo emitían música religiosa y la televisión únicamente programaba películas bíblicas”. Sólo le ha faltado confesar almodovarianamente que su párroco era pederasta y le metió la mano en los calzoncillos.
Añade otra consideración sobre los políticos con la que coincido de lleno. Sostiene Marías que "los políticos mienten en cuanto tienen un micrófono delante por lo que, para descubrir cómo son realmente, debe atenderse a lo que dicen cuando creen que nadie les escucha". Por disentir y coincidir me tomo la libertad de aplicarle al académico una de cal y otra de arena. Imbécil y sabio.
La verdadera Semana de Pasión es para Guillermo Fariñas. Su estado empeora día a día mientras continúa su Via Crucis. Fiebres muy altas, vómitos, cólicos y una infección contraída a través del catéter por el que los médicos paliaban las graves secuelas de su huelga de hambre y sed. Por favor, no te dejes morir, Coco.
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