Era algo mayor que yo y crecí viéndole noquear a sus rivales. Un puto genio bailando, un superdotado del mamporro y un icono sesentero que convertía sus combates en ejecuciones. Admiré a Clay hasta que se volvió Mohamed. Después me aburrió con su cháchara revolucionaria y su musulmanez. A cambio, me hizo amar el boxeo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario