Estoy que trino, vamos, ¡que como cerillas! Ahora, los sepulcros blanqueados, quieren lapidar a la Jolie por unos
presuntos toqueteos que se habría administrado mientras conversaba telefónicamente con la humorista, presentadora y lesbiana militante, Rosie O’Donnell.

Esta ha revelado conversaciones en las que, según afirma, Angelina Jolie parecía muy interesada en "cenar con ella". Dª Rosie se negó, manifestando tener miedo sexual de mi pobre Angelina. Rollo bollo y una delatora mentirosa.

Seguro que odia a la Jolie, la de los labios gorditos esculpidos para hacer felices a sus hombres.

Sin embargo, en escándalos sexuales, destacan más los caballeros. En actores, fue divertido el de Hugh Grant y la morruda profesional afroamericana que se la chupó en un coche. Ay, los cómicos ya se sabe, hombres y mujeres, todos son disolutos.

Entre los políticos, uno no lo esperaba, pero abundan tanto los momentazos sexuales que es difícil elegir. Desde Bil Clinton y las acrobáticas felaciones de Mónica bajo la mesa del despacho oval, pasando por Berlusconi y sus legión de putones desorejados, y el senador Grant insinuándose a solitarios varones desconocidos en los lavabos públicos, o el gobernador italiano Signore Marozzo filmado y chantajeado por la policía acostándose con un bien dotado tranxesual, hay una lista interminable donde cotillear.

Pero, para mí, el mejor de todos es el caso de Herr Hartz, alto ejecutivo de personal que durante años pagó viajes, fiestas, viagra y putas al comité de empresa de la Volkswagen para amansarlos en las negociaciones. Los sindicalistas luchaban a pollazos por un convenio digno para sus compañeros del metal.
Gracias, comités, sóis la punta de lanza del proletariado.
El caso
Angolagate de tráfico de armas, implicando a los políticos franceses Charles Pascua y Jean-Christophe, el hijísimo de Miterrand, ese sí es un auténtico escándalo y no el inocente orgasmo a dedo de mi pobre Angelijoli. Ella, siempre ausente de mis más terribles pesadillas.