...Los hubo valientes, honrados, leales y dignos. También rufianes, aventureros, asesinos y locos...

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jueves, 28 de octubre de 2010

La Justicia en España, ¿cachondeíto o la impotencia de tener razón?

Por D. Javier

"Una injusticia hecha al individuo es una amenaza hecha a toda la sociedad." Montesquieu.

Tras la valiente invitación de D. José María Aguilar para el debate, me atrevo a compartir con ustedes este simulacro de análisis personal. Desde la perspectiva en la que vivo, el mundo se ve sometido a los dictámenes de una ignorancia de la que no me considero ajeno. Sin embargo, y a pesar de esta importante limitación, tengo la enorme fortuna de vivir rodeado de ciertos talentos y a ellos debo gran parte de cuanto pueda decir coherente y fundamentado. Si se diera el caso.

El tema que propongo para el debate es el que considero prioritario para una sana convivencia, el verdadero talón de Aquiles para la higiene de este y de cualquier otro sistema de convivencia. El que más echo en falta. El de la necesidad de una justicia eficaz.

Comienzo con una obviedad. En el maremágnum de legítimos derechos, obligaciones e intereses en el que vivimos, partiendo de tal variabilidad de sensibilidades, caracteres y vulnerabilidades personales y colectivas, no se me ocurre otro sistema mejor que pueda vehiculizar adecuadamente los pormenores de la convivencia y que pueda garantizarla como lo hace una verdadera justicia. Una justicia auténtica, leal con su espíritu ético, puntualizo, y no basada tanto en ese excesivo y enmarañado engendro legislativo orientado a impedir su desarrollo efectivo mediante elaboradas contradicciones.

Aunque comparto la opinión de aquellos que centran el debate sobre las causas de los problemas de nuestro sistema judicial a partes iguales entre la deficiencia de medios, materiales y humanos, y la falta de independencia, preparación y profesionalidad de los encargados de administrarla, he de decir que me resulta más que evidente el protagonismo de oscuros intereses políticos interesados en que así sea.

Me temo que la naturaleza del ser humano es tal que su capacidad intelectiva y su conducta difieren enormemente según se encuentre a merced de unos u otros condicionantes. Ante una injusticia, por ejemplo, ante un agravio comparativo, un desprecio institucional, predominan en público las conductas y argumentaciones dignificantes, pero no podemos evitar, en el plano de lo privado, la tendencia a las revanchistas. Es esta una inercia epidemiológicamente arrasadora que termina por desnaturalizar cualquier sistema de valores. Por ello la justicia no puede ser sólo un ejercicio de solemne reparto de sentencias, es fundamentalmente, debe ser, un hilo conductor del respeto, la coherencia y la confianza en el sistema. Valores que se extienden después, sin solución de continuidad, al plano del propio individuo y de la sociedad. No hay pues en mi opinión esperanza sin una justicia respetable, todo vale en su ausencia.

Es fácil entender, además, que estando el capital mayormente en poder de las grandes corporaciones y que siendo estas las que financian la vida política –partidos, sindicatos-, la posición del sistema judicial resultante diste mucho de la independencia necesaria para su rehabilitación. Propongo un debate sobre cuál sería la mejor manera de recuperar una justicia con voluntad de independencia, eficaz y profesional (aequum et bonum), una JUSTICIA con mayúsculas. Y sobre cómo se podría deshacer tanto reparto injusto como el que se está produciendo en nuestra maltrecha vida nacional.

Evidentemente todo ello es dependiente y está íntimamente relacionado con otros avances políticos y sociales, pero pienso que podría ser un buen inicio el destinar a esta parcela mayores recursos económicos y exigir a nuestros jueces una suficiente especialización. Al menos haríamos ademán de sacar un poco los pies de este charco de oscura negritud, la crisis moral. Es un suponer.

¿Creen ustedes que se puede hablar de estado de derecho sin una justicia independiente? ¿Que nuestro sistema judicial es calamitoso? ¿Qué ello es fundamentalmente por obra y gracia de ciertos intereses políticos? ¿Dónde se puede actuar para recuperar la esperanza en una justicia eficaz?

“… Cambiábamos de país como de zapatos
a través de las guerras de clases, y nos desesperábamos
donde sólo había injusticia y nadie se alzaba contra ella.
Y, sin embargo, sabíamos
que también el odio contra la bajeza
desfigura la cara.
También la ira contra la injusticia
pone ronca la voz. Desgraciadamente, nosotros,
que queríamos preparar el camino para la amabilidad
no pudimos ser amables.
Pero vosotros, cuando lleguen los tiempos
en que el hombre sea amigo del hombre,
pensad en nosotros
con indulgencia. "

A los hombres futuros, Poesías escritas durante el exilio (fragmento). Bertolt Brecht

PS. Donde hay poca justicia es un peligro tener razón. Francisco de Quevedo.
AGF

12 comentarios:

García Francés dijo...

Bravo, D. Javier. Sea usted bienvenido a ELDEBATE, la sección coordinada por D. José María Aguilar.

Excelente entrada sobre una de las piedras angulares de la sociedades democráticas.

La justicia está basada en el consenso de normas sobre el bien y el mal, necesarias para solucionar conflictos y desarrollar una convivencia pacífica en lo social, ético y religioso.

Menos en el Oeste americano donde regía la ley de la horca o la del pistolero más rápido.

Le deseo que el debate sea justo, amigo mío.

Anónimo dijo...

Enhorabuena querido Javier.

Ha escrito un excelente artículo.

Permítame que me tome algún tiempo para hacer algún comentario en los próximos días.

Un fuerte abrazo

Mercedes Pinto dijo...

"Un país donde no se practica la justicia está abocdo al caos y al fracaso".
¿Sabía usted, Don Alfredo, que España es uno de los países con más artículos de ley del primer mundo con diferencia? De lo que se deduce que el número de leyes y artículos de ley es directamente proporcional al nivel de ilegalidad.
Ya sé, no he contestado a las preguntas.

La justicia en España no es que sea un cachondeo es que es administrada por los más ricos y poderosos.
¿Cómo se arregla esto? Eso quisiera yo saber.
Saludos.

FRANK RUFFINO dijo...

D.Javier:

Ostento la nacionalidad española y la costarricense, dado que mis padres son españoles, y siempre he vivido en Costa Rica, por lo que mi constitución psíquica, como comprenderéis, es tica. Sin haber vivido en vuestro sistema tampoco puedo opinar de él con propiedad: no basta estar enchufado varias horas al día al canal TVE Internacional, ni contar con padres de una España que ya no existe, solo en sus memorias (mi padre republicano herido en Teruel falleció hace cuatro años con 90). Sin embargo, tu atinado artículo es aplicable 100% a la realidad de la justicia de este país centroamericano, como que los males en un mundo globalizado son los mismos (el tráfico de drogas es un azote mundial. Si no se toman medidas drásticas y extraordinarias cada país será una versión de México). Puedo hablar de aquí con cierta propiedad, como ciudadano tico, y he visto como a diario la administración de justicia de este país aplica una suave vara de plastilina contra la delincuencia. La mayoría de los jueces sueltan al maleante consuetudinario argumentando que cuenta con domicilio fijo y puede firmar cada 15 días mientras viene el juicio, si es que hay, pues dilata algunas veces años para aplicar el peso de la ley. Entre delito y delito, siguen robando; luego, como les va bien con esta "justicia" en contra del ciudadano honrado y trabajador, van escalando en su maldad: violan, matan... y todavía así algunos de estos seres despreciables tienen confianza en que, con un buen abogado del diablo y un poco de suerte y dinero, salgan libres en cinco u ocho años si es que los vuelven a "guardar". El dinero, como también nos recuerda a diario nuestro entrañable bardo Francisco Quevedo es poderoso y compra todo aunque por ética algunas cosas no debieran tener precio: jueces, fiscales, policías, órganos humanos, políticos, diputados, candidatos a la presidencia, mujeres, niños y niñas (aunque sea cruel esta realidad hay que mencionarla y fustigarla exigiendo a las autoridades políticas y judiciales restablecer el orden y los valores de antaño, inculcándolos en todos los ciclos educativos como una materia más, quizá, haciéndola la más importante al punto de reprobar un año el estudiante si no aprueba los exámenes en este sentido, señal de que no hay correcta formación y una alerta temprana para la sociedad).

Abrazos,
Frank.

Empar dijo...

Don Javier, de momento sólo darle las gracias por unirse a nuestro DEBATE. Sólo comentarle que la justicia es una parte muy importante en las libertades de un pueblo, y me parece un gran debate el que propone. Pero acabo de llevarme un calentón en el articulo sobre Sánchez Dragó y aún estoy alterada para contestar aquí tan escabroso tema. Me doy un descanso a las pulsaciones y me pido un "tranquimacin" (creo recordar que eso le recetaba Mafalda a sus papás)
Un saludo.

García Francés dijo...

No lo sabía, Dª Mercedes, pero estoy seguro de que acierta usted.

Resumiendo, un gobierno y 17 autonomías legislando según sus intereses. Un galimafostio.

Y, una frase, la "justicia debe hacerse pronto, sin dilaciones; hacerla esperar es injusticia." Jean de la Bruyere

Un abrazo, amiga mía, y perdone la frasecita pero hoy estoy redicho.

Javir dijo...

Llego tarde al asunto, pero me gustaría dejar una nota, o dos.

Nota simple 1:
Desde el "Espíritu de las leyes" de Montesquieu hasta que A. Guerra declaró muerto al pensador, hemos pasado de la "división de poderes" a la "división de funciones". Importantísimo matiz que evidencia una clara tendencia a unificar los poderes en torno al ejecutivo y considerar a los otros dos poderes clásicos como una mera herramienta del Gobierno, brazo ejecutor del Estado. Por cierto, es el Estado el que acumula, y cada día más, el capital y lo utiliza como munición de una arma imbatible, el BOE. La idea de que las grandes corporaciones, compañías o empresas financian...¿a quién?, está quedando superada por la realidad. Es el Estado el que financia a políticos, sindicatos o empresarios. En definitiva, es la falta de independencia y la sumisión al Estado y al poder ejecutivo, su representante en la tierra, lo que en parte nubla la eficacia de la justicia.

Nota simple 2:
"Las leyes inútiles debilitan a las necesarias" (Montesquieu).
La inflación de leyes, normas, reglamentos o directivas, producidas por un sin fin de administraciones (locales, regionales, nacionales, europeas...) inmovilizan al ciudadano, incapaz de saber qué puede o qué no puede hacer. Al punto que algún autor como García de Enterría ha puesto en duda la vigencia del principio de que la ignorancia de las leyes no exime de su cumplimiento, que si es de aplicación lo es por estar en el Código Civil, y no por su sentido común.

Sólo son notas simples y fácilmente rebatibles que tienen como único objetivo el acompañarles en tan árido asunto.

Un abrazo

José María Aguilar dijo...

Querido Javier.

Vuelvo a felicitarle.

El comentario anónimo de más arriba, detrás del de don Alfredo, lo escribí a toda prisa, solo para agradecerle su estreno como publicista en ELDEBATE.

Ha señalado vd. los dos apectos fundamentales de la organización de la justicia: el político y el administrativo.

El político, a mi juicio, es el primero y decisivo, puesto que de la posición de la justicia como poder dentro del Estado, dependerá tanto el grado de justicia como el modo en que operará su administración.

Si el poder judicial no existe como poder independiente del poder político, y tal es el caso de España, donde los órganos de control y los altos tribunales son elegidos por los partidos políticos, la justicia no se podrá aplicar justa ni efectivamente sobre los agentes políticos, sean representantes o miembros del gobierno.

Así la justicia queda inerme o muy debilitada frente a los abusos de la clase política. Y las libertades, tanto personales como sociales y políticas de los ciudadanos mermadas o asfixiadas.

Por desgracia estas penosísismas consecuencias ya se advierten de manera exagerada en España.

La segunda consecuencia de este desorden, consistente en la sumisión del poder judicial al poder político, es la dependencia jerárquica, administrativa y económica de los tribunales al Ministerio de Justicia y a la Fiscalía general del Estado, hecho verdaderamente indeseable e incluso atroz como comprobamos en España.

Para que exista justicia en cualquier país es necesario que exista una separación verdadera y eficaz de los tres poderes del Estado -legislativo, ejecutivo y judicial-, un ordenamiento jurídico apropiado a la realidad social de cada momento y una administración de justicia eficiente.

Reciba un fuerte abrazo.

Cesar dijo...

Estoy de acuerdo con Dña Mercedes en que tenemos un número de leyes muy superior al que se puede atender. Y algunas contradictorias entre sí. Sobre todo las leyes fiscales en relación con las civiles.
Pero vamos a lo importante.
Primer problema: Lo ha dicho claramente D. José María, el tabique de la separación de poderes es de papel de fumar, apenas impecertible.
Segundo problema: La justicia es lenta porque,entre otras cosas, carece de medios económicos y materiales. Es tercermundista que un peligroso pederasta quede libre y asesine porque un juez no puede acceder a una base de datos en donde figure su nombre en cualquier otra ciudad de España.
Tercer problema: ¿Se han parado a pensar que para ser juez hay que sufrir unas oposiciones de al menos tres años en el mejor de los casos y que la preparación es simplemente teórica? Me parece que en algunos casos falta preparación. Tomen a un universitario, pónganlo a estudiar cuatro años, macérenlo seis meses en una academia y tendrán un juez. No en todos los casos, pero sí en la mayoría.
Cuarto problema: la antedicha falta de medios hace que los juicios se retrasen sine die. Me refiero concretamente a los que conozco de caracter económico. El turno de peritos judiciales corre y nadie quiere algunos marrones. Supongo que lo mismo pasará con las demás periciales. El juez juzga, basándose en informes, no posee omnisciencia.
Resumiendo: Dependencia del poder político, falta de medios materiales y preparación de las personas.
Me queda una más, que es un sistema garantista (no es un reproche) que permite dilatar las resoluciones casi sine die.

Disculpen el espacio.

Javier dijo...

El mundo de la justicia, al igual que el de la medicina, está repleto de sesudos y complejos aspectos que casi parecen invalidar cualquier opinión no versada. Además, hablar de jueces y de justicia, como hacerlo de imanes y religiones, genera cierto inexplicable temor. Dos impedimentos que he intentado obviar.
Ambas arquitecturas, justicia y sanidad, con ser importantes en sí mismas, supeditan esa esencia que los justifica al ejercicio de un eficaz servicio al individuo, a cada individuo, y, sólo a través de él, a la sociedad.
De poco nos sirve disponer de ambas magníficas arquitecturas sociales si cuando uno las necesita no las encuentra. No puedo esperar de brazos cruzados una medicina que me cure de la misma manera que no puedo esperar un necesario acto de justicia.
El 25 de este mes, algunos días después de escribir estas letras, leí en la prensa un artículo en el que los vocales del CGPJ comunicaban la convocatoria del primer encuentro “La Justicia, hoy”. Su objetivo era establecer un debate institucional que permitiera abordar los cambios necesarios para recuperar la confianza de los ciudadanos en una justicia pronta y de calidad. Puede que ese sea un buen principio.
Os deseo que nunca necesitéis de la justicia ni del sistema sanitario. Pasar de la teoría a la práctica en ambos terrenos puede llegar a ser, hoy en día, una fuente de profunda frustración.
Gracias por vuestras amables palabras.

Atila el Huno dijo...

Bueno, D. Javier, yo es que soy muy pesaito con el tema de la legitimidad. Comprendo todos esos problemillas que entre todos habéis expuesto...y los comparto. Yo quiero añadir otro.

Se propone que los miembros del poder judicial, para ser efectivamente independientes, deben elegirse entre los profesionales del Derecho sin interferencias del legislativo y el ejecutivo. Y yo me pregunto dónde carajo está la legitimidad en eso.

Si los poderes del Estado emanan del Pueblo...pero éste no participa en la elección de sus jueces, éste poder, el judicial, será siempre ILEGÍTIMO, será siempre un círculo cerrado endogámico de intereses particulares, será siempre un delicioso caldo de cultivo de corrupción y caos!!.

Yo me siento perfectamente preparado para elegir al juez que me juzgará (espero que nunca, jeje), ¿y ustedes?

¿Y si además de elegir a los jueces, nosotros la plebe, consiguiéramos que nuestros amos del legislativo tuvieran a bien consultarnos en las urnas leyes fundamentales para la buena marcha de la convivencia entre los súbditos?...claro, dejaríamos de serlo...ehhh...aunque...también tendríamos que querer dejar de serlo.

Artículo 1.

2. La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado.

...aunque...también podríamos derogar esos articulillos tan molestos!!!

Ahhh...a veces la receta de la Legitimidad me sale sosilla...a ver si Nazaríes me regala algún truquillo.

PD: Comandanteee, no se me ponga viejuno que ya sabe que con los jóvenes iberos NO PODEMOS CONTAR!!

Saludos pa repartir!!

Empar dijo...

La política de este país siempre ha estado más pendiente de controlar y politizar el funcionamiento del Consejo General del Poder Judicial, que de preocuparse en asegurar el correcto funcionamiento de los procesos judiciales.
Nuestro sistema de bipartidismo “funciona” a partir de mayorías absolutas, que mientras gobiernan, no hacen nada por cambiar unas leyes a las cuales sólo saben hacer aspavientos y promesas que nunca cumplen cuando por culpa de los errores judiciales se deja en libertad a quien merecería no salir nunca de la cárcel, porque esa es otra, asesinar entre otros delitos, sale muy barato en cuanto años en este país. Y a lo mejor voy a ser muy radical, pero quien mata a otra persona con intencionalidad, no debería salir nunca, puesto que el asesinado nunca saldrá del cementerio.
Y otro tema para mí, es que los delitos son delitos, no deberían prescribir nunca.

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