lunes, 10 de febrero de 2014
Poesía y Monarquía
Lorca ya estaba consagradísimo cuando conoció a Miguel Hernández, un joven poeta que pedía su favor desde un chiquero y al que conoció en alpargatas. Lorca le animó a leer y a no ser vanidoso. Y poquito más. Cernuda y Lorca eran señoritos, leídos, dandis y el cateto sin zapatos les parecía demasiado exhibicionista en su rusticidad. ¿Lorca era un poeta del pueblo? Tan popular como hoy nuestra Monarquía.
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