...Los hubo valientes, honrados, leales y dignos. También rufianes, aventureros, asesinos y locos...

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martes, 31 de agosto de 2010

Los cazadores y las esperas con luna llena de Agosto

CAZA por D. Vicente Francés

Todos los veranos, en Agosto, algunos cazadores esperamos ansiosos las noches de luna llena. Noches mágicas, cargadas de emoción y tensión. Con los sentidos excitados, luchando contra las sombras y la soledad. Son muchas horas de quietud sobresaltándote ante el ladrido del corzo o el chillido de la zorra. Son las esperas en charcas, comederos, pasos. Una caza selectiva, de echarle muchas horas, muchas noches.

El factor suerte influye, pero hay que tener arte para que el aguardo sea provechoso. La elección del sitio, la quietud, y el aire, nuestro peor enemigo. No es fácil engañar al jabalí, animal de hábitos nocturnos y con un olfato mucho mayor que el perro e infinitamente mejor que el del hombre.

Esta última luna, después de muchos intentos, me situé debajo de una encina, en medio del rastrojo. Eran las 8 y media, todavía con una hora de luz por delante. Al poco, apareció una corza con gemelos, del año, ella comiendo y pendiente, ellos retozando. Un poco más lejos, sale del monte un precioso zorro, disfruto de la escena con los prismáticos. La corza ladra al zorro advirtiéndole, los pequeños como estatuas. El zorro continua su camino en busca de un bocado mas fácil.

Desaparece el sol, y asoma un lunón impresionante, totalmente llena, iluminando la dehesa. Pasadas las 12 de la noche, siento ruidos en un reguero de monte cercano, a 200 metros de mi postura. El pulso y la respiración se me aceleran. Imposible usar los prismáticos, demasiado frondoso. El sonido se va haciendo más fuerte, no hay duda, son jabalís, en piara. Normalmente la forman dos o tres hembras, una dominante, y crías de distintas camadas y tamaños.

Al fondo, veo una sombra, un bulto poco familiar. A pesar de las lentes, no consigo adivinar la silueta pero, de repente, se mueve. No hay duda, es un guarro, solitario y de tamaño descomunal. Está hozando tranquilo, demasiado lejos para el tiro. Siento a la piara, cada vez mas cerca. Decido levantarme y hacerle la entrada al grande. Como un apache, sigiloso, parando a cada paso para observar. Más de media hora para recorrer 100 metros. En los últimos pasos la batería de AC/DC estalla en mi caja torácica.

Me preparo para el tiro, respiro profundo, ralentizando el pulso. La silueta es descomunal, el disparo revienta como un trueno en la noche. El guarro cae redondo, se rehace y sale galopando hacia la espesura. Me cago en todo. Pero estoy seguro de que va tocado. Por el tamaño y por seguridad no es momento de rastreos. Al amanecer, a 100 metros del tiro y entre las jaras, ¡encuentro al jabalí de mi vida! Un guarro enorme con unas espectaculares navajas. Probablemente nunca vuelva a vivir una emoción parecida.
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