Ha sido un día histórico para Colombia. Todavía me siento extraña por haberme alegrado de la muerte de una persona. Confieso que mi sentimiento, como el de muchos de mis compatriotas, fue de felicidad al enterarme que el comandante y jefe militar de las FARC, Jorge Briceño, alias “Mono Jojoy”, había muerto esta madrugada, en un bombardeo del ejército colombiano.
Está claro que la muerte de nadie merece motivo de celebración, pero lo que sí es cierto es que hoy se respira un sentimiento de paz en Colombia, por el simple hecho de saber que la cabeza estratega de las FARC no podrá hacerle más daño a nuestro país. Y como ciudadanos sólo nos queda agradecerles a las Fuerzas Armadas de Colombia por cumplir con sus promesas de paz.
Se entierra sólo a un terrorista, pero está claro que aún nos quedan mucho más. El símbolo del terrorismo no ha caído Sr. Santos, sino al contrario, hoy se levanta con más fuerza y crea incertidumbre y vulnerabilidad en toda una nación. Si esta es la operación “Bienvenida a las FARC”, ¿ahora que viene? Hace unas semanas fue atacado el ejército colombiano, esta semana el turno fue para la guerrilla. ¿Quién o quienes seremos los próximos?
Sólo espero que ninguno de nuestros amigos vecinos venezolanos ni ecuatorianos, donde se encuentran escondidos los sucesores de “Mono Jojoy”, no estén pensando en hacer otra de sus estatuas conmemorativas a los luchadores de la justicia social. Definitivamente la estatua hoy es para el ejército colombiano.








