Por eso no puedes dejar de torear. Ni de burlar los dos albinos puñales que amenazan con deshilvanar tu vida a los vuelos de un capote. Un capote lento, con el que te mueves a la par, en un baile perpetuo. Los pulsos te laten por fandangos y, como canta la siguiriya, sabes muy bien que Andalucía puede matarte por bulerías. Amas con temple y desmayo. Te aferras a la vida igual que las manos a la esclavina. ¿Qué triunfos busca tu alma? La soleá...
Continúa barajando tu amor y tu rabia al compás del levante. No permitas que te arranquen de ese capote. Y el día en que la vida se te haya desbordado del todo, que ya no vuelva el agua de la marea, que tengas que detenerte y acariciar el albero, abrocha tu pasión con una media verónica. Y entonces, sólo entonces, me encontrarás a tu lado.
Toros y Flamenco. Los une la vida y los cuenta Dª Gloria. Bendita. ¿Podría expresarse tanta emoción sin rasgueo de guitarra al ritmo de un abanico? Enhorabuena, flamencos. AGF

