...Los hubo valientes, honrados, leales y dignos. También rufianes, aventureros, asesinos y locos...

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miércoles, 22 de abril de 2009

La Sultana de Ronda y La Lozana Andaluza

Así, La Sultana de Ronda, se llamó la protagonista femenina de mi novela El Secreto del Emperador. Está inspirada en dos personas reales que conocí hace muchos, demasiados, años. María, de Ronda, de sus labores ramera, y María Rosario Omaggio, actriz, protagonista de La Lozana Andaluza.

Con 16 años, recién abandonada mi casa, conocí en Barcelona una belleza de muchacha. Hermosísima, un mujerón, la llamaban La Sultana. Tenía 21 años, era andaluza y puta de oficio. Nos hicimos amigos y me acogió.

Era la querida de un industrial de Bilbao, de un señor de Madrid y del jefe de policía de Barcelona y fue mi maestra en el arte de amar. Delicioso aprendizaje. Con María también aprendí que había bragas que no eran de algodón.

Me sentí el rey del mundo, con aquel bellezón colgado de mi brazo, matando de envidia a los hombres mientras murmuraban las mujeres.

Cinco o seis veces al mes, cuando los protectores llegaban a pasar la noche en su apartamento, me daba mil pesetas y, zalamera, me mandaba a dormir al Ritz. Por la mañana acudía a buscarme y, antes de abandonar la habitación, se cobijaba tiernamente entre mis brazos. Mi Sultana, Dios se lo pague, me enseñó todo. Incluso a hacer el amor en la bañera.

A María Rosario, la conocí en el festival de cine de San Sebastián. Acudió con su hermana y yo con Javier Duato, un amigo al que he perdido la pista, sobrino de Nacho, el famoso bailarín.

Javier y yo, no salíamos de nuestro asombro, al ver cómo aquel par de hembrones, nos eligieron a nosotros por acompañantes. Dos italianas lindas a morir, apasionadamente gozosas, de beso dulce y carcajada fácil. Dos bellezas y una de ellas, mi Maria Rosario, la hembra que tenía erotizados a los españoles con la tórrida escena de la ducha en un barreño de la película La Lozana Andaluza.

Así, sin saber entonces que acabaría siendo un personaje de novela, de estas dos mujeres, de lo que viví con ellas y de lo que me contaron, nació en mi corazón La Sultana de Ronda.


La Sultana de Ronda en la novela El Secreto del Emperador

Mientras mis jinetes acababan con aquellos alemanes que no habían conseguido poner pies en polvorosa, recogían armas y caballos y apartaban los cuerpos de los muertos a un lado de la calzada para dejar paso franco a los tiros gruesos y al galope de los caballos, la joven y yo, en un aparte, conversábamos.

"Don Luis, mil gracias por vuestra ayuda, que me convierte en eterna deudora, pues, aunque no soy novicia, verdad es que me habéis salvado de un peligro mil veces peor que la muerte. Aunque sois hombre de mundo y ya lo habréis adivinado, os diré, coronel, que de mis labores soy puta; resido en el Trastevere, cerca del Vaticano, amancebada y con casa puesta por uno de esos afeminados clérigos Borja que, para parecer mas romanos, ridículamente han trocado su nombre en Borgia. Me abandonó en su amaricada huida para encastillarse con el Papa en Sant’Angelo.

”Yo os suplico, señoría, continuó la bella descarada, me protejáis hasta pueda escapar de estas grandísimas crueldades que todo lo destrozan y consiga marchar a Nápoles o allí donde sepan apreciar las virtudes de una buena ramera española; pues aquí, en los burdeles, venden los soldados monjas por uno o dos escudos y no ha mucho me dijeron ser más de 1500 las meretrices en Roma, eso, sin contar los 200 jovencitos dedicados al vicio griego que tanto gustan los clérigos. Y así, con tanta devastación y abundancia de coños, no marcha el negocio.

”Ocupado como estabais matando lansquenetes, parece no se ha fijado su merced en la hembra que tiene delante, aunque, por alguna miradita que habéis puesto en mi escote, veo sois buen catador, mi coronel.

”Leticia, la que trae placer, me puso de nombre mi amante el clérigo cuando llegue a Roma, y, pese a ello, no os costaré un maravedí, mi señor, continuó convincente, que los cuartos ya se los saqué al Borgia y bastante pago ha sido salvarme la vida; si me queréis junto a vos, tendréis en mí buena amante y mejor cuido, pues soy hacendosa, limpia y hecha en todo para satisfacer al hombre; soy, además, excelente potra andaluza harta de que me cabalgue un desmañado, y deseosa estoy de que, como adivino es su señoría, al fin me monte un buen jinete; venios conmigo a mis habitaciones, dejadme mostraros lo que tengo y lo que sé y, para vuestro placer y el mío, tendréis en el lecho la barragana más lozana y placentera de Roma.

”Soy alegre y deleitosa, poco aficionada a enzarzarme y regañar, nada discutidora ni porfiona, y si mi hombre me sacia y respeta, fiel y generosa como la más honrada de las desposadas. Lavo y cepillo mi pelo negro diariamente, salgo al balcón las noches de luna, pues es sabido, aunque riáis, que esa luz agranda los pechos; cada mañana me unto entera con pomadas y afeites para hacer mi piel delicada al tacto, brillen mis dientes blancos y acaricie mi aliento, y me hago servir de una morita que mantiene mis manos y mis pies suaves y delicados.

”Sé escuchar y divertir sin ser molesta ni enojosa, entiendo de las cosas que a los hombres gustan y, así, soy avezada en caballos y monturas, versada en distinguir si el acero de una espada es toledano o alemán y tan experta en vino que capo al vinatero si al de mi casa le añade una gota de agua; sé que una casa es un hogar y todo en él, la cocina, el servicio y el ajuar, debe estar primoroso para dar satisfacción al hombre que allí manda, así que, si lo merece, todavía, soy sumisa y obediente con mi amante.

”Y para ratificar lo dicho, no deseo importunaros más, que bien véis mi cara y mi porte y vos sabréis decidir lo que más convenga a ambos; pero no olvidéis, señoría, que si en todo lo anterior soy hábil, en mi oficio de puta soy magnífica. No os privéis de este antojo, excelencia, que habría gran pena por vos.

"Bello nombre es Leticia, y me place tanto como tu descarado discurso, respondí yo riendo, y no menos que el fulgor de la piel de tus pechos que adivino bajo ese vestido; eres muy hermosa y lo sabes, pero es tu desvergüenza y donaire lo que en tí vale más que los doblones de oro; bellas hay en Roma a cientos para compartir la cama, pero estar a tu lado será como si, siempre riendo, disfrutáramos juntos del aire de nuestra España. Me gustas, andaluza, y si tú necesitas guarda, a mí me vendrá bien tu alegría para entre tus brazos olvidar esta guerra miserable; hagamos cornudo al Borgia, y no pases pena por él, que ese frailón se procurará algún joven paje del castillo para calmar los picores.

”Aun sin catarte, Leticia, ya estoy encoñado contigo, le dije mientras, sonriendo, acariciaba su mejilla, y hoy mismo hacemos compañía y serás mi protegida en todo aquello en que yo pueda defenderte; me mudaré contigo, y en tu puerta, mientras sea necesario, habrá velándola dos guardias del Tercio, y cuando no puedan estar españoles, serán borgoñones o valones de mucha confianza los que allí ponga; mis criados se vendrán conmigo, y has de saber que lo mismo guisan una perdiz y lavan camisas que tiran de daga con fiereza cuando llega el momento.

”Protegida lo estarás, no pases pena; y cuando llegue el momento en que vuelva la paz o cuando tú elijas mejorar tu comercio, serás libre de ir a tu albedrío donde gustes, dejando tras de tí, más que un protector, un amigo. Y ahora, bella, no quiero que este sucio arroyo manche tus lindos pies de sangre y barro, sube a la grupa y, si lo deseas tanto como yo, vamos presto a encamarnos.


Para Atila, Rey de los Hunos, que nunca tuvo mejor hembra en su yurta que la Sultana de Ronda.

domingo, 5 de abril de 2009

La jodida bohemia de Mayo del 68 - Primera entrega

Publicado en la revista literaria SINALEFA de New York.

Llegué a París con apenas dieciocho años. Me esperaba mi hermano José Luis, la persona que yo más he querido en el mundo. Había abandonado la casa de mis padre en Bilbao con dieciséis, y tras una larga temporada de deambular por Barcelona, Bélgica y Holanda, rendí viaje en la Ciudad Luz donde esperaba encontrar calma y acabar mi aprendizaje como fotógrafo.

Atrás quedó María, de Ronda, una muchacha de 21 años y puta de oficio, entonces la más bella prostituta de Barcelona, que me protegió y, durante meses, cuidó de mí como si fuera un príncipe.

Era la querida de un industrial de Bilbao, de un aristócrata de Madrid y del jefe de policía de Barcelona. Además, en sus horas libres, hacía trabajos extra. Pasados muchos años, se convertiría en la Sultana de Ronda, el personaje femenino de mi libro “El secreto del Emperador” pero entonces, en Cataluña, fue mi verdadera maestra en las artes amatorias. Delicioso aprendizaje para un muchacho de mi edad, fogoso, pero sin demasiada técnica en la práctica del sexo.

Era mi primera gran ciudad y, de la mano de aquel cañón de mujer, descubrí sus callejuelas y sus avenidas cosmopolitas, el gótico y el modernismo, las fuentes y el Liceo, las playas mediterráneas, cafeterías, cines y hoteles y, La Sultana, siempre me hizo sentir el rey del mundo cuando, por la calle o en algún restaurante, íbamos del brazo matando de envidia a los hombres y levantando murmuraciones de las mujeres.

Guardo un recuerdo divertido de las escasas noches, cinco a seis al mes, en que los protectores llegaban para pasar la noche en su apartamento. Entonces, zalamera, me daba mil pesetas, un dineral entonces, y me mandaba a dormir a cuerpo de rey al Hotel Ritz con la orden de no regresar hasta que ella fuera a buscarme. Normalmente, al llegar, hacíamos el amor, supongo que para acabar de amortizar la habitación. Estoy muy agradecido a mi Sultana, nunca la olvidaré, porque me enseñó a amar a las mujeres y me quiso como una hermana, bueno, mejor. Porque, ¡con las hermanas, no se empuja! Pero Barcelona era una escala y tras unos meses, ya convertido en un hombrecito, me marché.

En Holanda viví otra de las experiencias que en aquellos años nos llenaban de pasmo a los españolitos. En la Costa Brava había conocido una chica que dijo ser modelo en su país. Su cuerpazo lo evidenciaba, tuvimos un tórrido romance y, con mi destreza sexual recientemente adquirida, la deslumbré. Me rogó que fuera a Holanda con ella y dijo tener amigos fotógrafos que me darían trabajo. Cauto, sintiéndome ya un tipo vivido, respondí que me llamara cuando tuviera garantizado un trabajo para mí en su país. Me llamó y atravesé Europa en autobús.


Me instalé en su casa, en su habitación y en su cama. Hasta ahí, bien. Lo gracioso es que vivía con sus padres y, los fines de semana, su mamá nos subía el desayuno a la piltra. Hoy, todavía resulta chocante esa atención, pero entonces y viniendo de España, me maravillaba tanta comprensión maternal. La chica resultó ser enfermera y una mentirosa compulsiva. Continuará mañana.

viernes, 17 de octubre de 2008

COLOMBIANISMOS



A mi manera.

Siempre se ha dicho en España que en Noja la que no es puta es coja. El mismo dicho se utiliza para Catarroja, sólo añaden que en la ciudad apenas se ven cojas.

Las ciudades colombianas tampoco se libran de ver sus nombres manipulados por los rivales. Veamos algunos ejemplos.

Bogotá, la Atenas Suramericana.

Barranquilla, la Puerta de Oro de Colombia.

Cartagena, la Heroica.

Hasta aquí todo más o menos normal. Pero, ahora, el ingenio se dispara.

Cali, la sultana del Valle, Capital de la Salsa, El sueño atravesado por siete ríos. También es llamada la Sucursal del Cielo, y aquí se complica la cosa. Las malas lenguas dicen que el nombrecito le vino dado por la facilidad con que se abandonaba violentamente este lugar camino del otro. También ha hecho fortuna el dicho, “no es lo mismo California que fornicar en Cali”.

Medellín, la Capital de la Montaña, la Bella Villa, la Ciudad de las Flores. Después vinieron los carteles de la droga y la Ciudad de la Eterna Primavera se convirtió en la Ciudad de la Eterna Balasera. También es conocida por Medallo (por los tres escapularios de sus sicarios) y, sobre todo, por Metrallo (por el tableteo de las mini Uzis).

Pereira, la Querendona, Trasnochadora y Morena, la Perla del Otun, la Ciudad de Puertas Abiertas. Esta última denominación, debido al legendario ardor de sus mujeres, fue rápidamente reconvertida en la Ciudad de Piernas Abiertas. También le dicen la Ciudad de las Sordas, porque “a una pereirana le dicen siéntese y se tumba”.

Pereira es la capital de Risaralda (risaraldenses), por si los lectores sienten curiosidad.

sábado, 27 de septiembre de 2008

El mejor putiadero

HOT, diz que el mejor putiadero de la ciudad está donde el antiguo Bocaccio, en la plaza de Colón de Madrid. Ayer acompañé allí a un amigo mexicano que, al final, resultó ser un romántico.



Nunca he sido putero y mi escasa experiencia se remonta a cuando tenía 16 años y durante cuatro meses fui “novio” en Barcelona de la Sultana de Ronda, luego personaje de mi libro El secreto del Emperador. Nunca he pagado por el sexo y, al contrario de la opinión generalizada en las tertulias de los medios, ser puta NO me parece tan digno como ser médico, notario, o conductora de autobús. Me disgustaría que una hija mía se ganase así la vida.



Hot, es un burdel. No apto para románticos o tipos que buscan a la madre de sus hijos. Allí, sólo hay putas. Todas las muchachas pasan un riguroso control de calidad, una selecta y rígida selección y, las que lo necesitan, reciben charlas de educación y estilo. Educadas, cultas, correctas, discretas y bellas, pero putas. Y, si les das la oportunidad y te gusta, te saltan encima y demuestran que saben serlo de manera hiperprofesional.





Miran, se exhiben, te rozan descuidadamente y, al menor gesto tuyo, ¡ya has ligado! Estupendo para la autoestima. No importa que seas feo, viejo o gilipollas, puedes salir de allí creyendo que eres rico, inteligente y guapísimo. Además, practicas idiomas y tienes charlas divertidas con la preciosidad que elijas por 20 euros que cuesta una copa. El que se lanza a subir al primer piso abona 150 euros por la habitación. Una hora. La chica es gratis, según parece. Aunque no lo entiendo bien porque, llevar la misma chica durante dos horas a tu hotel, cuesta 600 euros.





Las chicas del pole dancing, baile con barra, tienen cuerpo de diosas. Entretenido para tomar un trago en buena compañia si no tiene usted prejuicios contra la prostitución.



Mi amigo mexicano prefiere las amateurs.

miércoles, 13 de abril de 2016

Besos

Día Internacional del Morreo y pronto Día del Besazo Robado. Aprendí a besar muy niño en la boca de un mujerón, La Sultana, 21 años, andaluza y puta de oficio. Lo hice bien y Miwa, la legendaria amante travesti del gran escritor Yukio Mishima, me cruzó con una diva del Ballet Imperial en Tokio. No era geisha pero lo deseaba. Kimonos imposibles para manos occidentales, inacabables preliminares y, tras cada beso profundo, un entrecortado Sensei, arigatō. Hoy cómanse la boca. Como los desconocidos del video. https://youtu.be/IpbDHxCV29A

miércoles, 22 de agosto de 2012

Alhambra, Patio de los Leones, el amor



El Patio de los Leones es el lugar más fotografiado de la Alhambra. También uno de los más bellos y románticos del mundo. ¿Dónde llevó mi padre de luna de miel a mi mamá? Eso es. Arrancó a la recién casada de su Bilbao y la vistió de reina mora. La llevó a Granada para convertirla en sultana. La foto respira amor. Por eso salí yo tan mestizo.
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