Manuil, el pívot del Vilha Velha, noqueó a Duda, base del Flamengo, en un partido en Brasil. El bestial codazo, cuyo único fin era causar daño, provocó al jugador una conmoción cerebral. La salvaje agresión puede acarrear 24 partidos de sanción al atacante. Duda dufrió una contusión cerebral leve, se desmayó y tuvo lapsus de memoria, aunque posteriormente pareció recuperarse totalmente. Los medios piden la expulsion definitiva de las canchas para el agresor.
Como ella cuenta en los comentarios de mi entrada de ayer, el hijo de mi querida amiga Dª Nazaríes, tras un empujón en la lucha por un rebote en un partido juvenil de baloncesto y un intercambio de piropos entre ambos jugadores, finalmente resultó brutalmente agredido y con la mandíbula fracturada.
no me empujes, hijoputa, responde el jugador de color.
Déjame, negro,
fractura de mandíbula.
El chaval está ingresado a la espera de que los cirujanos maxilofaciales le reduzcan la fractura con una placa. Le recomendé a su mamá que pida perdón al contrario. Dª Nazaríes afirma que lo hizo al abandonar la cancha. Bien hecho, chaval. Caballerosidad. Los insultos están mal pero los golpes son intolerables. Una fractura de esa gravedad, no puede saldarse con una petición de disculpas, debe ser durísimamente sancionada por las autoridades deportivas o por vía judicial. Mi amiga aún espera una llamada de los directivos o del entrenador del agresor de su hijo.

